Mar09262017

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Sentido de pertenencia, solidaridad patria allende los mares

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(San Juan, 11:00 a.m.) La victoria de Mónica Puig Marchán en los Juegos Olímpicos y los comentarios de algunos amigos sobre su formación deportiva en los Estados Unidos me hizo recordar incidentes de mi vida. Ocupé posiciones prominentes en la política y la industria privada. Compartí mucho con familias puerto

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rriqueñas a través de todos los Estados Unidos durante viajes dictando charlas en instituciones educativas, clubes sociales, organizaciones comunitarias… y organizando campañas políticas presidenciales.

Una vez, un gran amigo me invitó a compartir con su familia y su esposa, hija de una prominente familia del país. Muy ingenuamente, la esposa de mi camarada, tuvo el atrevimiento de decirme que, “Cómo es posible que hayas alcanzado tantos éxitos siendo tan puertorriqueño”.

No contaré sobre mi respuesta, suelo ser muy mordaz, pero si hablaremos sobre el sentido de pertenencia y lo importante que este ha sido para los puertorriqueños en los Estados Unidos.

“Irse de Puerto Rico es desgarrarse el alma”, asegura Yvonne Ortiz, reconocida chef residente en California y autora del libro culinario, “A Taste of Puerto Rico”. “No nos vamos por que queremos, nos vemos forzados a salir por la falta de empleo. El país marcha con nosotros. Lloramos, extrañamos no solo la familia, sino los olores, los sabores…, los amaneceres y los atardeceres de la Patria”.

“El éxito nunca llena el vacío que se siente al no poder residir en Puerto Rico”, añade. “Inculcamos en nuestros hijos ese amor patrio porque es su legado, su derecho, son y serán puertorriqueños”.

La actitud de Ortiz lo comparte también la experta en relaciones de familia de Nueva Jersey, Maylú Santiago de Fajardo.

“Llegué muy niña a Nueva York y de allí nos mudamos a Nueva Jersey”, indica Santiago. “Mi madre nos educó como puertorriqueños a mi hermano y a mí. En casa se hablaba español. Se veneraba la bandera y se escuchaba música típica. Ser puertorriqueños es un sello en el alma que nos une a una Nación que ha sabido defender su derecho a existir contra viento y marea”.

“Mi esposo y yo somos exitosos profesionales. Educamos a nuestros hijos como bilingües y como puertorriqueños. Recientemente fui a Puerto Rico a celebrar el octavo cumpleaños de mi hija con una fiesta familiar, lechón a la vara, arroz con gandules, pasteles y nuestra música. Mis dos hijos se sintieron en casa”.

Santiago Fajardo es hermana del actor Renoly Santiago, quien ha actuado en películas de Hollywood, Broadway y es profesor de actuación en Nueva York.

Formar ciudadanos bilingües y biculturales, orgullosos de sus orígenes y con pleno conocimiento de su identidad asegura el éxito de los inmigrantes.

“Un inmigrante nunca deja atrás sus raíces”, asegura la experta en bilingüismo y biculturalismo, Maritere Rodríguez Bellas, autora del libro “Raising bilingual children” y “Arroz con Pollo y Apple Pie”. “Es importante fortalecer la identidad cultural para que los hijos puedan enfrentar el discrimen y el racismo que muchas veces encuentran en la calle. Personas integrales y holísticas vencen todos los obstáculos”.

Aunque es cierto, que algunos puertorriqueños en el pasado y más recientemente, profesionales boricuas mudados a los Estados Unidos, les niegan el privilegio a sus hijos de ser puertorriqueños, estos son una minoría, señala Ilia Villanueva, la líder comunitaria de Nueva Jersey.

“Es interesante ver cómo interactúan algunos profesionales recién llegados de la Isla en medio de la crisis que vive el país”, señala Villanueva. “Son gente que no tienen idea de lo que es ser puertorriqueños, se mantienen enajenados de la comunidad porque somos jibaros y ondeamos con orgullo nuestra identidad”.

La lucha de los puertorriqueños y sus batallas para vencer el ostracismo, el racismo y el discrimen son parte de la historia de una comunidad, que aunque muchas veces se sintió rechazados por sus parientes en la isla, se sienten orgullosos de su puertorriqueñidad.

“La Patria partió en nuestros corazones”, indica Perfecto Oyola, patriarca de la comunidad puertorriqueña de Jersey City, Nueva Jersey. “La opresión y el rechazo era abrumador. Tuvimos que abrirnos camino. Luchamos con lo único que teníamos nuestro orgullo de sentirnos puertorriqueños y la bandera. Con ellos guerreamos y vencimos”.

Las segundas generaciones, muchas veces rechazan el puertorriqueñismo de sus padres, pero llegada la crisis de los cuarenta, su único refugio es “arroparse con la bandera”, asegura José Vélez de Texas.

“Muchos pensamos que el éxito radica en americanizarnos, hasta que chocamos con la realidad, nunca seremos acepados. Siempre nos verán como una minoría extraña. Si no tenemos una identidad solida eso podría ser desbastador y convertirse en un escollo”.

Los jóvenes que no tienen claro su sentido de pertenencia sucumben a las drogas, al crimen, a las pandillas…

“Es importante el orgullo patrio, conocer nuestro acervo para evitar caernos y terminar presos de la depresión y la autodestrucción”, afirma Santiago Fajardo. “Todos queremos pertenecer a un grupo, somos seres gregarios. Si no estamos orgullosos de ser puertorriqueños, ¿quiénes somos?, solo pasto fácil de manipuladores y explotadores”.

En los Estados Unidos residen siete generaciones de puertorriqueños. Algunas familias están allí desde antes del 1898. Sin embargo, el sentido de comunidad y el orgullo patrio no ha decaído.

El Desfile (Parada) Puertorriqueño de la Ciudad de Nueva York es el festival étnico mas grande de los Estados Unidos. La edición número cincuenta nueve del desfile aportó casi cincuenta millones a la economía de la ciudad estadounidense.

El sentido de pertenencia de las comunidades de la Patria extendida es tan fuerte que se traspasa de generación en generación, aun cuando se pierda el idioma.

“Somos puertorriqueños”, indica James Hernández, en inglés y residente de Cleveland, Ohio. “Mis tatarabuelos llegaron desde Mayagüez. Solo hablo algunas palabras en español, pero en mi casa se baila salsa, se comen pasteles y está mi bandera. Yo soy boricua, pa’ que tú lo sepas”.

“Los puertorriqueños de hoy día podrán ser de clase media. La educación ha transformado a nuestra comunidad, sin embargo los problemas continúan existiendo disfrazados tras las apariencias de oficiales electos y un aparente éxito económico”, puntualiza Villanueva. “La experiencia nos ha enseñado que si no estamos unidos como comunidad, sino fortalecemos el amor patrio, nuestra cultura y nuestra identidad, nos enajenan. Unidos vencemos, separados nos perdemos. Lo único que nos une es la Patria. No se puede bajar la guardia porque el peor enemigo está en casa, disfrazado de líderes y divisionistas”.

La victoria de Mónica revive lo prioritario que es establecer un dialogo entre todos los puertorriqueños. Uniendo a la Nación lograremos terminar con el colonialismo.

La Patria se encarnó en Mónica y nos envió un mensaje contundente, “Yo sería puertorriqueño aunque naciera en la luna”.